Y empiezo con un no cuento, en pleno proceso de lectura de Ana María Matute, Paraíso Inhabitado y La Torre Vigía.
Llego a éstos tras haber leído a sus opuestos, dos bestsellers de ventas multimillonarias, ambos editados por tusquets: del sueco Henning Mankel (la serie Wallander) y del japonés H. Murakami, Al sur de la frontera, al oeste del sol. De Mankel recomiendo sus cuentos africanos, como Tea-Bag, El hijo del viento... Y de la serie protagonizada por el policía Wallander, El chino, una novela histórica. Mankel deja , siempre (con la posible excepción de Tea-Bag), un sabor acre de desolación. Al sur de la frontera... es una novelita corta, que gusta por lo sucinta, y por exotismo de los escenarios, personajes y cultura (aunque no tan exóticos como sería deseable quizá). Ambos en buenas traducciones, y que me disculpen sus traductores por no tener ahora mismo los libros a mano, para citarlos, como debe siempre hacerse en estos casos.
También tan diferente de Ana María Matute, leí algunas novelas de Simenon, el francés. Me quedo con La ventana indiscreta, otra bastante desoladora, por el mismo personaje narrador que facilita el final de la novela con el eficiente sistema de suicidarse... También editada por tusquets, en buena traducción. Otras traducciones de Simenon, publicadas décadas antes, resultan penosas.
Llego a éstos tras haber leído a sus opuestos, dos bestsellers de ventas multimillonarias, ambos editados por tusquets: del sueco Henning Mankel (la serie Wallander) y del japonés H. Murakami, Al sur de la frontera, al oeste del sol. De Mankel recomiendo sus cuentos africanos, como Tea-Bag, El hijo del viento... Y de la serie protagonizada por el policía Wallander, El chino, una novela histórica. Mankel deja , siempre (con la posible excepción de Tea-Bag), un sabor acre de desolación. Al sur de la frontera... es una novelita corta, que gusta por lo sucinta, y por exotismo de los escenarios, personajes y cultura (aunque no tan exóticos como sería deseable quizá). Ambos en buenas traducciones, y que me disculpen sus traductores por no tener ahora mismo los libros a mano, para citarlos, como debe siempre hacerse en estos casos.
También tan diferente de Ana María Matute, leí algunas novelas de Simenon, el francés. Me quedo con La ventana indiscreta, otra bastante desoladora, por el mismo personaje narrador que facilita el final de la novela con el eficiente sistema de suicidarse... También editada por tusquets, en buena traducción. Otras traducciones de Simenon, publicadas décadas antes, resultan penosas.
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